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10 junio, 2008

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¿Un Bululú o una Merienda de Negros?

por Otto

Por su sonido siempre imaginé que la palabra “bululú” era de origen africano. No sé, me sonaba como dialecto de alguna tribu de por esos lados. Pero según la RAE dice:

bululú.

(Voz imit.).

1. m. Farsante que antiguamente representaba él solo, en los pueblos por donde pasaba, una comedia, loa o entremés, mudando la voz según la calidad de las personas que iban hablando.

2. m. Ven. Alboroto, tumulto, escándalo.

Por otro lado encontré esto:

“Comediante que representaba solo, mudando la voz según las personas que se suponía hablaban por su boca”, probablemente voz de creación expresiva u onomatopéyica. 1ª doc.: 1603.

Se cree que es de origen gitano, con el significado inicial de “engañador, embaucador”, como bulero íd., y buló, bulipén, “engaño”, derivados de bul “trasero”; pero no había todavía gitanismos en castellano a princ. S. XVII, y aunque “aló” es sufijo gitano conocido, no sabemos que lo sea “alú” o “ulú”. Se trata de una creación elemental del idioma; y lo más natural es que simbolice la voz forzada del cómico al imitar a los varios personajes. Hoy en Venezuela y Puerto Rico ha tomado “bululú” como un desorden, gran grupo de personas y sinónimo de la expresión “una merienda de negros”.

Pero según la HISPANOTECA de Justo Fernández López explica:

Una merienda de negros pertenece hoy a ese grupo de frases, que según los libros de estilo, no deben utilizarse por resultar ofensivas para un colectivo. Tales son: le hizo una judiada, le engañó como a un chino, esto es una gitanería, etc.

El Diccionario de la Real Academia (22.ª edición, 2001) registra las dos expresiones coloquiales merienda de negros (‘confusión y desorden en que nadie se entiende’) y boda de negros (‘función en que hay mucha bulla, confusión, grita y algazara’). El primer diccionario académico (1780) registra hacer merienda de negros: ‘confundir y enmarañar algún negocio o dependencia, a fin de alzarse con el útil, perjudicando a los que debían tener parte en él’. El diccionario académico de 1837 sigue esta definición y aun acentúa el sentido negativo: ‘meter a barato una cosa, quedándose con ella aquellos que la manejan y traen entre manos’. El diccionario académico de 1899 da una definición menos negativa y elimina las connotaciones de ‘confundir para aprovecharse de algo’ y establece una definición que perdurará en todos los diccionarios académicos hasta 1984: merienda de negros ‘confusión y desorden en que nadie se entiende’. Esta definición aparece en todas las ediciones hasta 1984 en que aparece un añadido: merienda de negros ‘confusión y desorden en que nadie se entiende. [fig] Reparto caprichoso o desaprensivo’. A partir de 1989, todos los diccionarios académicos repiten la definición abreviada: ‘confusión y desorden en que nadie se entiende’ y eliminan ‘reparto caprichoso o desaprensivo’.

Posiblemente en su origen las expresiones merienda de negros y boda de negros tenían un sentido más negativo: el negro como una persona carente de orden y anárquica, pronta a saltarse las reglas vigentes que rigen la sociedad.

Estas expresiones tienen que ser fruto de la época colonial. No las encontramos en inglés, idioma en al que se traducen estas expresiones españolas por free-for-all y bedlam). En 1932, el escritor inglés Evelyn Waugh escribió Black Mischief, que fue traducida al español con el título más bien arbitrario de Merienda de negros. Transcurre alrededor de 1930 en Azania, un imaginario país africano, con la mezcla del pueblo primitivo y bárbaro con la vida colonial inglesa.

Pero el origen de estas expresiones es anterior al colonialismo inglés. A los largo del siglo XVI y primera mitad del XVII la esclavitud negra fue más importante en la península que en las colonias americanas. La situación se invertirá hacia la segunda mitad del XVII.

Desde el periodo medieval, llegaron a las ciudades españolas decenas de miles de esclavos de origen subsahariano. La afición de estos grupos por la música y el baile despertó pronto el interés de la sociedad española que les permitía celebrar sus fiestas. Para las autoridades civiles, estas fiestas fueron motivo de intranquilidad por los continuos altercados que se producían tras la abundante ingestión de vino.

«La iglesia, por su parte, denunció continuamente la gran sensualidad que, en su opinión, era característica de los citados bailes. Con el fin de facilitar su condena (y reducir su vertiente sensual) favoreció su inclusión en las fiestas de carácter religioso, como la del Corpus, en la que los negros con sus danzas y bailes (en calidad de diablitos) representaban al pecado que era finalmente vencido por la divinidad de sus amos blancos. Debe recordarse que uno de los más importantes privilegios de las cofradías de negros fue su participación en los desfiles procesionales, especialmente durante el Corpus Christi, la Semana Santa y otras fiestas religiosas.

Las habilidades musicales de negros y mulatos, esclavos y libertos, así como su habla característica, no tardaron en ser ridiculizados por parte de los demás sectores de la sociedad, por más que algunos de ellos no gozaran de mucha más consideración social que sus vecinos negros. Así, los desfiles procesionales de las cofradías de los negros sevillanos fueron objeto de las burlas hirientes del público asistente, que aprovechaba su paso “para reír y mofar della”. Un testigo coetáneo afirmó al respecto que “pareze más entremés de comedia que acto de devoción”. En el teatro y la literatura de los siglos XVI, XVII y XVIII abundan los personajes negros caracterizados como tipos cómicos y grotescos, casi siempre víctimas de feroces parodias: “El negrito hablador y sin color anda la niña”, “Negro del mejor amo”, “Del negro hablador”, “Sainete y baile de los negros”, “El Entremés de los negros”, “Negra por amor”, “Negro más prodigioso”, “Baile entremesado de los Negros”, “Los negros de Santo Tomé”, etc. A pesar de lo expuesto, los cantes y bailes de origen africano fueron penetrando y/o influenciando los bailes y cantes españoles y/o andaluces en un proceso todavía escasamente conocido.» [Eloy Martín Corrales: “Flamenco y música negra. Los sones negros del flamenco: sus orígenes africanos”]

«El hambre, pero también la risa, la religión o los celos, fueron motivos suficientes para comerse a un semejante, al menos en los reinos de los pícaros, los devotos o los amantes de la literatura áurea. Esta antropofagia literaria vertía en palabras, según la preceptiva aristotélica, una realidad que no fue ajena a una Europa devastada por el hambre y por las guerras. Pero la repetida aparición de la temática caníbal en la literatura española del Siglo de Oro tuvo, al menos, dos de sus razones señaladas en la renovación del dogma eucarístico y en las noticias que llegaban desde los territorios americanos. La Contrarreforma se esforzó en subrayar la materialidad de la eucaristía e insistió en la transformación del pan y el vino en carne y sangre reales de Cristo; esa misma metamorfosis tuvo su continuación metafórica en el uso de la antropofagia sagrada como mecanismo de representación del sacramento. Por virtud de la religio amoris y en relación con el neoplatónico intercambio entre los amantes, la antropofagia eucarística pasó a formar parte del arsenal de la poesía petrarquista y de sus derivaciones dramáticas. La antropofagia se convierte entonces en símbolo de íntima unión entre personas, fueran éstas creyentes que se ofrecen como alimento para la divinidad y se comen simbólicamente a su Dios o amantes que se alimentan de sus amados. Por otro lado, las crónicas y pliegos sueltos impresos sobre América y las costumbres alimenticias de sus habitantes dejaron una profunda huella en la imaginación colectiva de los españoles de la época, que reflejaron en su literatura culta y popular un interés constante por la posibilidad, real o imaginada, de comerse a los iguales.

En realidad, la cultura barroca se movió entre dos polos estéticos y reales, el exceso y la escasez, que, en el ámbito de lo alimenticio, se convierten en sobreabundancia y necesidad, en empacho y hambre, motivo constante en el imaginario de la época. Ambas pueden conducir a la antropofagia: en el primer caso, por gula; en el segundo, por imperio de las circunstancias digestivas. La antropofagia se presenta como un proceso de degradación del ciclo alimenticio por el que la nutrición humana pasa de lo comestible, es decir, de lo aceptado socialmente como comestible, a lo no comestible, a lo repugnante. Tras esa división se esconde otra distinción social e ideológica, que separa al nosotros, con el que se representa la civilización, el orden y la verdad comúnmente aceptada por un colectivo, del los otros, donde se ubica no sólo lo exótico, sino también lo ilícito. Lo mismo ocurre con la alimentación, pues, aunque ‘nosotros no comemos carne humana’, no por ello dejamos de sentir una curiosa repugnancia por los que lo hacen y de querer contemplar, desde la seguridad de nuestra civilización, el horror de los que habitan más allá de sus márgenes morales y geográficos. No en vano, los salvajes, los herejes, los infieles o los poseídos por Satanás comían hombres como signo de su maldad y barbarie.» [Luis Gómez Canseco, Universidad de Huelva: “Antropofagia literaria en el Siglo de Oro”]

En Quevedo es fácil encontrar burlas crueles sobre negros y judíos. Un buen ejemplo es su famoso romance burlesco Boda de negros [ver texto en http://www.los-poetas.com/f/quev1.htm#BODA%20DE%20NEGROS], en el que describe una boda de dos esclavos negros a los que ridiculiza salvajemente aplicando el estereotipo racial.

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2 comentarios Escribe un comentario
  1. liliana
    May 24 2013

    Investigaste poco, Otto, Bululú es una palabra de origen gallego, o por lo menos así lo era
    el cómico que representaba farsas en teatro de calle. Era un actor que representaba él mismo varias voces o personajes. Aparece mencionado en algunos libros desde el s XVII. En portugués parece tener el mismo significado que en gallego o español de venezuela, pues hay un cuento de Joao Guimaraes Rosa que lleva ese nombre. Sorpresas ante los prejuicios lingüísticos

    Responder
    • Otto
      May 26 2013

      Gracias por comentar Liliana.. pero en el mismo artículo se cita: “Comediante que representaba solo, mudando la voz según las personas que se suponía hablaban por su boca”, probablemente voz de creación expresiva u onomatopéyica. 1ª doc.: 1603. No se específica el origen gallego o portugués… pero no me extrañaría, ya que en la península hay mucha mezcla de voces y culturas. No sé por qué hablas de prejuicios lingüísticos.

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