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24 marzo, 2013

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La mascota del Libertador

por Otto

Bolivar-y-Nevado

Un pueblo del Estado Mérida: Mucuchíes, fundado en 1596, a sólo 45 Km. de la ciudad de Mérida, con sus altos páramos, vientos, cumbres nevadas, y casas de piedra, recibió al Libertador Simón Bolívar en el año 1813, cuando realizaba la Campaña Admirable.

Después de la batalla de Niquitao, el 2 de Julio de 1813, se dirigió El Libertador a Mérida, donde permaneció durante 18 días, saliendo luego hacia Mucuchíes. En su paso por el Páramo de Mucuchíes, concretamente en Moconoque, una casa que estaba aproximadamente a 6 kilómeros de la villa de Mucuchíes, era la estancia de Vicente del Pino, un acaudalado patriota que suministró carne y granos a la tropa y atendió generosamente a los republicanos.

Mientras departían al calor de humeantes tazones de chocolate, entró un cachorro que inicialmente le peló los dientes a Bolívar y después se le acercó receloso. El Libertador le acarició el lomo, el perrito le lamió la mano, voleó la cola y el amor entre ambos surgió a primera vista.

Cuando la tropa continuó la marcha, Vicente del Pino regaló varios caballos a Simón Bolívar y le entregó el cachorro mucuchíes.
-¿Qué voy a hacer con este perrito, Don Vicente?.
-No tendrá problema señor General- diría el hacendado- con su tropa se alistó Lorenzo Tinjacá, un indio de la hacienda que vio nacer a Nevado y le ha enseñado un montón de trucos.
Así, pues, Tinjacá y Nevado entraron a formar parte de las fuerzas patriotas y a partir de entonces el perrito mucuchíes acompañó a los combatientes en sus largas marchas, unas veces al lado de Bolívar y otras en un cesto encima de una mula.

Esta raza, es descendiente del mastín de los pirineos; estos mastines fueron traídos al país por los sacerdotes que fundaron la ciudad de Mucuchíes para que cuidaran los grandes rebaños de ovejas que traían de España. Perros de gran tamaño, fuertes, inteligentes y hábiles que defendían los rebaños de los depredadores, y con los cruces y el tiempo llegaron a conformar la raza llamada Mucuchíes. El hermoso perro que recibió El Libertador, se llamaba Nevado. Dice la historia, que era negro como el azabache, las orejas, el lomo y la cola blancos, lo que hacía recordar la cresta nevada de los páramos andinos, razón por la cual, le pusieron por nombre “Nevado”, como nevados eran los páramos.

Vicente Pino se puso a las órdenes del Libertador, le dió la información necesaria para llegar a la villa de Mucuchíes, y además asignó al servicio del Libertador, a un indio mucuchero llamado Tinjacá, que había sido criado por él, amaba a los perros, y además conocía muy bien a Nevado.

Quiso Bolívar que alguien cuidara del perro, y quien mejor que Tinjacá, por lo que le asignó este trabajo y de él aprendió Bolívar los silbidos para llamar a Nevado. Los oficiales del Estado Mayor bautizaron a Tinjacá como el “Edecán del Perro”, quedando así sellada la unión del Libertador, el indio y el perro, unión esta, que sólo teminaría con la muerte.

Cuentan que Nevado correteaba alegre al lado del alto caballo de guerra del Libertador, y que le acompañó por las ciudades y campos de batalla, recorridos en la gesta libertadora. En plena batalla, Nevado ladraba muy alto, sobresaliendo sus ladridos por sobre el fragor de la lucha, como dando ánimo a su dueño. Y cuando Bolívar entró triunfante a Caracas, recibiendo el aplauso y la admiración de toda la ciudad, muchas de las flores que le lanzaban al Libertador, le caían a Nevado, y dicen que Bolívar aseguraba que el perro también merecía el homenaje de esas flores.

Así, vivió Nevado junto a su dueño muchas batallas, sitios, vida de campamento, triunfos y derrotas, siempre acompañados por Tinjacá. Pero fué en la batalla de Carabobo el 24 de Julio de 1821, cuando llegó la separación definitiva.

Después de la gloriosa batalla, que dió la libertad definitiva a su patria: Venezuela, se acercaron al Libertador dos de sus soldados, en quienes El Libertador, por la expresión que traían pudo adivinar que las noticias no eran buenas. En efecto traían la noticia de que Tinjacá estaba mal herido, y también Nevado. Bolívar lanzó su caballo al galope hasta el sitio en la llanura donde le habían señalado que estaban sus dos compañeros. Al llegar, Tinjacá con lágrimas en los ojos sólo pudo decirle:”¡ Ah mi General, nos han matado al perro … !”

Bolívar viendo a Nevado, ya muerto, tinto en sangre, no pudo decir nada. Cuenta Tulio Febres Cordero, el historiador de Mérida, que en los ojos del Libertador, brilló una gran lágrima de dolor.

Así, se conoce al pueblo de Mucuchíes como el Pueblo de Bolívar, y en la plaza Bolívar de este pueblo, como homenaje a esta gran amistad, se encuentra la escultura del indio Tinjacá y el Perro Nevado, junto a Bolívar. Y desde allí permanecen imperturbables, de cara a la cordillera Andina, que con sus nieves eternas, es un mudo testigo de la Campaña Admirable y de la amistad sin tiempo de un militar idealista, un indio fiel y un noble perro.

Puedes ver más información en la página de la “Misión Nevado

2 comentarios Escribe un comentario
  1. Steve Wilcox
    Mar 24 2013

    Bravo Otto!

    Responder
  2. Gelbie
    Abr 1 2013

    Reciba cordial saludo. Un articulo de gran calidad. Datos y hechos históricos. Muy buena recopilación. Muy bien documentado.. Continúe con esa gran labor. Le deseo muchísimos éxitos… Un abrazo..

    Responder

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